Lima en dos palabras: delicioso, agotado


¡Había que beber mucho café para sobrevivir este viaje!

El viaje empezó con 8 horas de vuelos: primero de Philly a Miami, donde me encontré con mi hermana, Beth. Salimos de Miami a la medianoche para Perú. Llegamos a Lima a las 5 de la mañana y pudimos dormir por unas 3-4 horas antes de levantarnos a las 9. Desayunamos de prisa y nos forzamos a la vuelta de la esquina para hacer un tour de Lima en bicicleta.

El tour empezó en el barrio prestigioso de Miraflores, donde esquivábamos los coches y autobuses del distrito comercial. Próximo, visitamos Barranco, la región bohemia de la ciudad. Vimos las “casas” de varios artistas famosos. (En realidad, la mayoría eran pisos enteros de edificios.) También teníamos vistas bellas de unas playas.

La última parada, y la más al sur, era Chorrillos. Fuimos en bici por la costa rocosa, donde los acantilados se encuentran con el Pacífico.

El punto más lejano que visitamos se llama El salto del fraile. Según un folklórico peruano, el niño adoptado de un terrateniente rico perdió el amor de su vida y fue forzado a hacerse fraile. En su desesperación, se lanzó de los acantilados y terminó su vida. Hoy en día, tres hombres, vestidos como frailes, saltan de los acantilados al agua, recreando la leyenda.

El lugar de El salto del fraile

Al regresar, paramos en una taberna para comer un sándwich de jamón y beber una Inca Kola. (¡Ten cuidado España, el jamón peruano te hace competencia!)

Después del tour, cogimos un taxi a la Plaza de armas para ver la catedral y el palacio real.


Luego volvimos al hotel para ducharnos rápidamente e ir al Hotel Westin para encontrarnos con un amigo de Beth,  Miguel, un nativo de Lima. Nos bebimos la bebida principal del Pisco del hotel, el “Lobby Lounge”, y nos comimos una comida que lucía como la versión peruana de taquitos.

Próxima parada: La calesa, para tomar un Pisco Sour.  La receta de La calesa es una de las más famosas, y el mesero Sami, el creador de la receta, fue él que nos preparó nuestros Pisco Sours.

Nuestra tercera parada era Malabar, un restaurante prometedor con un chef creativo. Tomamos un Pisco Punch, una bebida tropical. Nuestra selección de comida aquí fue una valiente… Además del ceviche (claro), cada uno de nosotros pedimos el “caracol gigantesco.” (¡Cuando uno ve algo tan original en una carta, hay que probarlo!) Lo que nos sirvieron fue un caracol delicioso, preparado y devuelto a su concha original. Era tan grande como un puño.

La última parada era Mama Tusan, una chifa de primera calidad. (Una chifa es un restaurante peruano-chino.) Ahí pedimos dos platos de Dimsum (ambos algún tipo de bola de masa con pollo y camarones), y dos platos principales para compartir entre los tres, y luego unas Cusqueñas (una cerveza peruana).

Con los estómagos y las papilas gustativas satisfechas, volvimos al hotel para una hora de descanso antes de despertarnos a las 3:30 de la mañana para volar al Amazonas.

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